jueves, 23 de marzo de 2017

Las mujeres que descubren que les gustan las mujeres

Soy de los que opinan que la identidad sexual de cada uno es algo muy personal, y no sólo eso, sino que también muy complicado. Hay quien tiene muy claro desde el mismo momento que nace cuáles son sus preferencias sexuales, ya sean hetero u homosexuales; sin embargo, opino que a no todos les pasa lo mismo.

Todos hemos escuchado esas historias de personas que abandonan a sus parejas de toda la vida, y que de repente, como se suele decir, "cambian de acera". Cuando era más joven, la verdad es que se me ocurrían muchas barbaridades, y lo que pensaban era que al fin se mostraban tan viciosos como eran, sin saber si le gustaba la carne o el pescado, o definitivamente los dos. Por suerte, el tiempo pone todo en su lugar, y por fin me sacó también de mi error.

Y fue gracias a una muy amiga mía, que pareció que de un día para otro dejó a su marido después de 15 años, y nos sorprendió a todos yéndose a vivir con una mujer. Como la conocía desde antes, sabía que ella siempre había andado con hombres, y fue por eso que me extrañó tanto su actitud, sin entender qué era lo que le había podido pasar; imaginé que podía haber tenido alguna decepción en su matrimonio, y que a causa del despecho se hubiera confundido y actuado sin pensar, convirtiéndose en lesbiana. Y si era así, pronto  se echaría para atrás.

Pero pasaron dos años, y aquello no cambió. Y un día, por casualidad, quedamos para tomar un café, y yo, presa total de la curiosidad, le pregunté qué era lo que había pasado por su cabeza para ahora pensar que le gustaban las mujeres. ¿Pensar?, me preguntó. Nada de pensar, estaba muy segura de lo que sentía, y de hecho estaba muy enamorada de su actual pareja. Y yo, totalmente desconcertado, le pedí que me explicara cómo fueron las cosas, porque no entendía nada.

Y ella me contó que un día descubrió que amaba a esa mujer, que era la primera po r la que se había sentido atraída, y que ese atracción había dado lugar al amor. Y que no tenía idea si después de ella pudiera haber otras, pero que todo había sido tan natural, que ella no se había sentido confundida en absoluto . Y que no tuvo más remedio que dejar a su marido, por supuesto.

¿Será verdad que nos enamoramos de almas, y no de cuerpos? Pues ya me ha hecho dudar, pero desde luego es que hay cuerpos de los que no hay más remedio que enamorarse; espero que haya almas con esa misma habilidad.

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